EL ESPÍRITU DE GENERACIONES

Con una dedicación y fidelidad sin límites

Nuestro espíritu de compromiso se sustenta en la energía, esfuerzo, respeto e implicación de un equipo humano que cuida con esmero y atención cada detalle.

Esta filosofía de trabajo es un fiel reflejo del cariño, empeño e ilusión que nos mueven e impulsan en nuestro día a día.

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EL ESPÍRITU DE GENERACIONES

Con una dedicación y fidelidad sin límites


El capital humano en TEMPOS Vega Sicilia es, sin duda, uno de los bastiones que han influido en su personalidad. Entre sus trabajadores, muchos de los cuales han nacido en la propia finca, existe un orgullo personal por haber heredado la tradición y el oficio que desempeñara su padre, y su abuelo  e incluso su bisabuelo. Porque hay personas cuyas familias se remontan hasta cuatro generaciones en el negocio, como es el caso de José Enrique, el maestro tonelero,  o su hermano Jesús María, que pertenecen a la cuarta generación familiar en Vega Sicilia; o el de Andrés Yáñez, Andresín, cuyo padre trabajó en la finca durante 60 años, y que su primer trabajo consistía en repartir el correo a lomos de un caballo.


Y es que Vega Sicilia fue, en tiempos, casi un pueblo autónomo, donde no faltaba la escuela y la ermita. Donde los trabajadores, además de las funciones propias de su trabajo, desarrollaban su vida familiar en las viviendas habilitadas para tal fin, y que han formado parte de la estructura de la finca hasta hace bien poco.

Esta experiencia de continuidad familiar en las labores de la bodega, lejos de ser un inconveniente para el grupo, se ha revelado como un valor en sí mismo, y se puede decir que cada trabajador de Vega Sicilia lleva con orgullo su oficio, sintiéndose parte del grupo, y con el honor de trabajar para una de las firmas bodegueras de mayor renombre mundial.

Pero si alguien puede sentirse orgulloso de su relación con el grupo, esos son los clientes. Y no es para menos. El sistema de venta del grupo es a través de la asignación de cupos en un reparto lo más equitativo posible que establece personalmente Pablo Álvarez, consejero delegado de la bodega.

Apenas 4.000 afortunados que pueden presumir de tener el privilegio de comprar directamente a la bodega, sin tener que acudir a la tienda o restaurante que siempre incrementan el precio de los vinos al saberlos un bien escaso,  con una demanda que triplica la oferta.


Ser cliente de Vega Sicilia es como pertenecer a un selecto club, al que sólo se accede por herencia de padres a hijos, o tras permanecer durante años en la larga lista de espera de la bodega (más de 3.000 solicitudes), en la confianza de que algún cliente cause baja o pase más de dos años sin realizar ningún pedido, en cuyo caso es eliminado del listado dando paso a uno nuevo. Algo en cualquier caso tremendamente difícil, ya que las bajas de clientes por no comprar durante dos años seguidos apenas llegan al 1%, y en la mayor parte de los clientes veteranos, su cupo pasa a manos de los hijos, simplemente con avisar del cambio a la bodega.


Y para el que pueda pensar en "recomendaciones" a la hora de apuntarse al cupo, la rigurosidad es tal que ni reyes, presidentes o ministros han alterado el escrupuloso reparto que se asigna año tras año después de evaluar todos los pedidos y de hacer la distribución pertinente.